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Granada Smile

La Alcaicería

La Alcaicería, zoco y bazar de Granada, conserva un aire especial. Uno se puede perder entre sus angostas calles e imaginarse que ha retrocedido en el tiempo varios siglos. Porque tiene ese misticismo oriental que no se puede explicar; hay que vivirlo. Ya sea para comprar el clásico recuerdo de Granada, una hermosa taracea o un bolso típico árabe; o simplemente por revivir el antiguo arte del regateo, merece la pena darse una vuelta por la Alcaicería.

No nos extrañaría que la expresión ‘alucinar en colores’ la inventara alguien que entró a la tienda de los faroles de la Alcaicería. Sus colores imposibles nos dejarán… ya sabéis, ‘to locos’.

 

Historia de la Alcaicería de Granada

El nombre de ‘Alcaicería’ viene de la antigua expresión al-kaiser-ia, que significa ‘el lugar del cesar’, en honor al emperador Justiniano, que cedió a los árabes el derecho de vender la seda. Desde entonces, todo lugar donde se vendía dicho material se conocía como Alcaicería.

Fundada durante el reinado de Muhammad V (siglo XIV) la Alcaicería de Granada se disponía entre Plaza Nueva y Plaza bib-Rambla, con un tamaño muy superior al de su actual vestigio. Un entramado de calles estrechas, plagadas de puestos en los que se vendía seda, plata, y ropa de calidad. Su localización estratégica, junto a la Mezquita Mayor y la Alhóndiga, favorecía un continuo comercio, lo que hizo que este bazar se desarrollara enormemente.

Era un recinto cerrado, delimitado por casas ‘muro’, que contaba con 9 puertas de acceso. Éstas se cerraban por la noche, y sólo permanecían allí el administrador del Zoco y varios centinelas.

Tras la Toma de Granada, este cargo pasó a denominarse Gobernador, siendo este un título elegido a dedo por la máxima autoridad de la ciudad. Fue, hasta mediados del siglo XIX, un cargo ligado a la nobleza.

Tras el declive de la manufactura y venta de seda, en el siglo XVIII, la Alcaicería se transformó. Empezaron a proliferar puestos de escribas, y también de venta de pieles, calzado, y multitud de productos.

Tras el gran incendio de 1843, en el que se destruyó completamente la antigua Alcaicería, la fisionomía de esta parte de la ciudad cambió sensiblemente. Se reconstruyó en un estilo romántico y ‘neomusulmán’, adaptando sus nuevas calles a las necesidades de la una ciudad creciente. Se ensancharon y alinearon los trazados de las calles, y se redujo drásticamente el tamaño del conjunto. El resultado sería una zona bastante más ortogonal y moderna.

La Alcaicería en la actualidad

A pesar de ser muchísimo menor de lo que fue antaño, merece la pena acercarse a la Alcaicería. Tiene un aire que difícilmente podréis experimentar en nuestro continente. Hoy día sigue habiendo multitud de puestos en esta zona. Podréis encontrar sedas, cueros, complementos, souvenirs y un largo etcétera. También hay talleres de artesanía donde poder adquirir una taracea o la cerámica típica de Granada (Fajalauza). Si nunca has probado el arte del regateo, te recomendamos que te des una vuelta por aquí y lo practiques. ¡Es realmente divertido!